¿Estamos solos en medio del blanco desierto? Paredes, escritorios,
clips, camisas de fuerza, así
un vómito monotono.
La oficina
cabalga a trote como un teclado, un caballo blanco de redoblado paso
interminable. ¿Estamos
ensillados en el día que come piedras
y pienso?
Hasta el aire está acondicionado.
Un algo kitsch
No me contestes demasiado pronto, queridísima Frika: un diamante en bruto,
díganlo si no los africanos en las minas,
es lo mismo que un trozo de carbón (lo que cueste es asunto de Wall Street).
Los siglos y siglos en el congelador de la tierra nos los entregan relucientes,
brillantes como los cerebros de algunos genios de la
zoología, como algunos sabelotodo con quienes nos encontramos a un paso
de hormiga,
en la fila de la caja rápida.
He ahí la brillantez con que los diamantes en bruto se nos presentan, como
un botones mal vestido detrás de nuestra propina.
Yo prefiero guardar distancia, agrandar mi campo de energía oscura, densa como
el vacío.
A mí me gustaría que los diamantes pudieran derretirse, y por qué no, beberse.
Sería un gran negocio.
Algunos no hemos pulido el estilo, andamos brutalmente desgarbados,
las palabras se nos embotan de la boca, y si los diamantes bebidos
nos aportan un algo kitsch, pues quién se negaría.
Claro que tendrían que ser digestivos, en eso la brillantez de nuestros
científicos hace milagros —aunque no precisamente cuando nos referimos al
estilo.
Ya ves, se me va el tiempo en explicarte que soy un bruto para entender
cuando me hablas de diamantes.
Carlos Vicente Castro (Guadalajara, 1975) es autor de los libros de poemas Raíces temporales (Paraíso Perdido, 2000) y Carcoma (Paraíso Perdido-Écrit des Forges, 2006). Poemas suyos están incluidos en las antologías Anuario de poesía mexicana 2004 (FCE, 2005) y Un orbe más ancho. 40 poetas jóvenes (1971-1983) (UNAM, 2005). Fue becario del Fonca en la categoría Jóvenes Creadores, en el área de poesía, en el periodo 2006-2007.
Estos poemas aparecieron en el número 18 de Punto en Línea.
Estos poemas aparecieron en el número 18 de Punto en Línea.
7 comentarios:
Me gustan los dos poemas, aunque creo que por su disposición tipográfica son un reto para cualquier editor. Tal vez alguno de la vieja escuela (de esos que pensaba extintos hasta conocer a Andrés, perdón por el chiste local) hubiera convencido a Carlos de cortar de forma distinto los versos de "La oficina es un caballo blanco". A primera vista ese es el único detalle. Muy buenos ambos poemas, muestra clara de que aún existen otras voces de los 70 aparte de los dos o tres que acaparan los reflectores.
Coincido con Eliud. Estos poemas son redondos, y nos muestran como un buen poema se hace con una idea ingeniosa y sencilla. El corte de los versos puede ser un problema pero no importa tanto, aunque de repente me vino más el ritmo para una prosa. También me quedé con ganas de un desarrollo más amplio del primero.
Pues gracias por pasar a mi blog
aquí se nota que hay mucho talento =
yo generalmente escribo
mas sujeto a la tierra
y más en crítica y protesta
pero en fin ... saludos
desde Chile :D
(x_0)
Bueno, sencillamente me gusta leerlos.
"La masturbación es un caballo blanco" dice Eielson, ahora es una oficina. Muy buenos los dos poemas. Saludos.
¡Gracias por leer mis poemas! Estaba navegando cuando me encontré con este sitio. A Eliud: sí, quién sabe, el corte de los versos se perdió, tal vez con una caja de texto más grande se recuperen o de plano haya que aceptarlos como prosa. A M.J.J.: tengo una versión más larga de ese poema, con gusto te la paso. De hecho, la versión larga me gusta más. Saludos y buena suerte en todo.
El corte de los versos es perfecto. El ritmo está en la voz y en las palabras hilvanadas que la contienen! es cosa de invocar y la poesia se entraga toda! ME gustaron mucho.
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